El precio de la vida

 

María Felicidad López Jiménez, Cristina Luna Rico,
Laia Madrid Morente, Elena Martín Merino,
Alba Matey Maroto, Anabel Sánchez Sierra.
 

 

DIABLO                                 Alba Matey Maroto
ELISA                                     Anabel Sánchez Sierra
CONCIENCIA                        Laia Madrid Morente
MARÍA                                   María Felicidad López Jiménez
ELENA                                   Elena Martín Merino
ALMA MUSICAL                 Cristina Luna Rico

 

ESCENA I

 

El alma musical entra en escena, hace carantoñas a su instrumento, lo enchufa y hace una exhibición musical. Después, el Diablo entra en el Limbo.

 

Diablo (tiranamente): ¡Calla! ¿Cuántas veces he de decirte que no toques sin mi permiso? ¡¡Me vendiste tu alma para tocar durante toda la eternidad y yo no te he pedido que toques!!

 

El Diablo se da la vuelta y la músico comienza a hacerle muecas hasta que el Diablo vuelve a mirarla.

 

Diablo: ¿Sabes? Tu música empieza a cansarme, necesito diversión, algo que me entretenga.

 

El Diablo se da cuenta de la presencia del otro espíritu.

 

Diablo (señalando a Elisa): Ves… a eso me refería, el Limbo siempre me da la diversión que alguien como yo se merece.

 

Se acerca a la muchacha y la mira con deseo.

 

Diablo: ¿Qué te pasa, niña?

Elisa: Nada.

Diablo: Venga… A lo mejor yo podría ayudarte. Cuéntame.

Elisa: Pues, yo era muy feliz cuando estaba viva… No debería estar aquí… aún no era mi hora.

Diablo: ¡Hoy es tu día de suerte! Yo puedo hacer que vuelvas a ser feliz.

Elisa: ¿De verdad?

Diablo: ¿Qué darías a cambio de que yo te devolviese a la vida?

Elisa (ilusionada): ¡Todo!

Diablo: ¿Incluyendo… ese collar que llevas puesto?

Elisa (mira el collar que pende sobre su cuello): ¿El collar? Yo… (Dudosa) Es el regalo que me hicieron mis hermanas en mi último cumpleaños…

Diablo: Anda, venga… Si ahora podrás tener muchos cumpleaños más.

Elisa (todavía dudosa): Pues… (Tarda unos segundos en pensarlo) No sé… (Convencida). Bueno, vale, te lo daré si hace falta.

Diablo: Perfecto, espérame aquí, tengo que traerte una cosa.

 

El Diablo se marcha y Elisa se queda a solas con su conciencia.

 

 

ESCENA II

 

Conciencia: (mira de un lado a otro para comprobar que el Diablo se ha marchado y se dirige a la niña) Yo que tú no estaría tan convencida. ¿Estás segura de lo que haces?

Elisa (decidida): Sí, por supuesto. Es mi oportunidad de volver con mis hermanas.

Conciencia: Pero ¿por qué tienes que quedarte sin el único recuerdo que te queda de ellas? No debes fiarte de cualquiera.

Elisa: Vamos, por favor, sólo es una persona que me quiere ayudar…

Conciencia: ¡No seas ingenua! Ten cuidado o te condenarás eternamente…

Elisa (molesta): ¡Ya está bien! No pienso permitir que mi conciencia me arruine mi única esperanza. 

 

El Diablo regresa sosteniendo en una mano un documento (un contrato) y en la otra una rosa.

 

Diablo: Estoy de vuelta. Ya verás cómo ha merecido la pena la espera. ¿Ves esta flor tan radiante? Es el objeto mágico que te devolverá a la vida.

Elisa: ¡Es preciosa! ¡Dámela, pronto!

 Diablo: Pues toma, para ti. ¡Pero…! (El Diablo retira la rosa deteniendo la premura de Elisa). Te la cambio por ese collarcito (Elisa entrega su collar). Para hacer las cosas bien, fírmame este papel.

 

El Diablo entrega el contrato a Elisa, que se apresura a firmarlo sin pararse a leer lo que pone. Mientras, el Diablo muestra una sonrisa de satisfacción. El Diablo lanza la rosa al aire y Elisa se apresura a recogerla.  

 

Diablo: (mirando el collar) Bueno, ¡ahora esto es mío! (Murmurando aparte) Esto es más fácil de lo que yo pensaba. (Dirigiéndose a Elisa) Ahora prepárate y ve hacia aquella luz. Cuando la traspases ya no habrá vuelta atrás.

 

Elisa: De acuerdo. (Sale corriendo y desaparece del escenario).

 

El Diablo se queda solo en el escenario y atrae a él las almas de las hermanas de Elisa moviéndolas a su antojo. Hace que las muchachas vuelvan en sí.  

 

María: ¿Qué nos ha pasado, hermana? 

Elena: No lo sé, estábamos hablando y… no me acuerdo de más.

María (Dirigiéndose al Diablo con cierta desconfianza): Por cierto ¿Y tú quién eres?

Diablo: Tranquilas, muchachas, solo soy un conocido de vuestra hermana.

María: ¿Nuestra hermana? Murió hace años…. No sé qué tiene que ver ella en todo esto.

Diablo: Bueno, está bien, iré al grano. Vosotras estáis aquí por una razón y esa razón es que vuestra hermana hizo un trato conmigo en el que ella volvería a la vida y a cambio… Pues ya ves, vosotras estáis aquí.

Elena: ¿Esperas que nos creamos que nuestra hermana nos ha traído aquí?

Diablo: No, bonita, no, vuestra hermana me ha entregado vuestras almas a cambio de su deseada vida.

María: Ni hablar, no te creo.

Diablo: Está bien, vosotras mismas lo comprobaréis en un segundo. 

 

En ese momento aparece Elisa en el escenario con la rosa prendida en el pelo recogiendo flores y disfrutando de su nueva vida; el diablo les muestra a sus hermanas la actitud de la chica. Mientras, su alma musical entona de forma desbocada una cancioncilla alegre y el Diablo le echa una mirada para que pare. Entonces la chica se sienta y huele unas florecillas a un lado del escenario.

 

Elena: (furiosa): ¡No me lo puedo creer, Elisa nos ha hecho esto, nuestra querida Elisa…!

María: Tranquila, hermana, no podemos hacer nada.

 

Elena comienza a chillar a Elisa y observa cómo esta, impasible, no le hace caso

 

Elena: ¡Elisa! ¡Estamos aquí!

 

Diablo: No os molestéis, jamás podrá oíros. Ahora vosotras estáis muertas.


En ese momento el Diablo junto con las hermanas abandonan el escenario dejando a Elisa disfrutar de su vida. La chica corretea alegremente hasta que de repente su conciencia le asalta de nuevo.

 

 

ESCENA III


Conciencia
: No sabes lo que has perdido, intenté advertírtelo.

Elisa: Déjame de una vez. Ahora nada importa. Voy a casa a ver a mis hermanas. Estoy deseando abrazarlas.

 

Elisa camina con rapidez hasta que se detiene a llamar ilusionada a sus hermanas.

 

Elisa: ¡Hermanas, soy yo, Elisa! ¡Estoy viva!

Conciencia: No te molestes, es inútil…

Elisa: ¡Calla!

Conciencia: Busca en el jardín…

 

Elisa comienza a preocuparse y corre hasta llegar al jardín, donde ve sus tumbas.

 

Elisa: ¡No es posible…! Mis hermanas ¡muertas!… Sus tumbas donde tan solo debería estar la mía…

 

Elisa se desespera y llama al Diablo con rabia y dolor hasta que tras hacerse un poco de rogar aparece feliz y lleno de vitalidad.

 

Elisa: ¡Traidor, ven aquí!

Diablo (enseñándole el contrato): Dijiste que me darías cualquier cosa y como tal lo firmaste, así que ahora no hay vuelta atrás.

Elisa: ¡Me has engañado!

Diablo: No es culpa mía que no sepas leer la letra pequeña…, o que ni siquiera leyeses la letra grande.

 

Elisa carga su puño contra el Diablo pero este hace que el tiempo vaya más lento y se coloca a espaldas de Elisa. Cuando este vuelve a hacer que el tiempo vaya a su ritmo natural, ella vuelve a cargarse contra el Diablo, él la tira al suelo y comienza a andar a su alrededor y se burla de ella.  

 

Diablo: Ni te molestes, nunca podrás vencerme, y menos de esa manera.

Elisa (con rabia y frustración): ¡Me has traicionado! ¡Mis hermanas están muertas!

 

El Diablo le muestra el contrato de forma burlona y Elisa se lo arrebata e intenta romperlo, pero sus esfuerzos son inútiles.

 

Diablo (riendo estruendosamente): Es inútil, te lo advertí, no había vuelta atrás. Querías la vida a cualquier precio y la tienes, estás sola. Además, tus hermanas te odian.

Elisa: ¡Oh, no! ¡Eso jamás! 

 

En ese mismo instante el escenario se queda en silencio y se oyen las voces de María y Elena fuera del escenario. 

 

Elena: Me parece increíble que nuestra hermana nos haya hecho esto.

María: Para mí ha dejado de existir para siempre.

 

Diablo: Y qué, ¿ya te has convencido?

Elisa: No, no es posible ¿por qué a mí?

Diablo: Nunca hagas tratos con… el diablo. Puedes salir perdiendo.

Ríe exageradamente. 

 

El Alma musical, que ha estado observando todo con atención, se acerca a Elisa.

 

Alma: ¿Sabes…? Odio los finales tristes. Se me ha ocurrido una cosa. Toca aquí (señalando su instrumento musical. Elisa pasa su mano. El Alma le vuelve a decir con una sonrisa de felicidad): Ahora el poder es tuyo.

 

 En ese momento, Elisa mira al Diablo y con una fuerza que antes no tenía le arrebata el collar mientras el diablo jugaba con él. Después se quita la rosa y la pisa. Y, por último, le quita al Diablo el contrato y lo rompe en pedazos.

 

María y Elena corren a abrazar a su hermana.

 

Elena: ¡Elisa!

Elisa: Lo siento…

 

Todo termina con el abrazo de las hermanas y la huida del diablo cabizbajo y abatido.

Una música alegre cierra la obra. 

Este texto es obra de las alumnas de 3º de ESO (mayo-junio 2009) María Felicidad López Jiménez, Cristina Luna Rico, Laia Madrid Morente, Elena Martín Merino, Alba Matey Maroto y Anabel Sánchez Sierra. 

 

 

 

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