Romances

En la tradición hispana contamos con una joya de la cultura popular que son los romances. Desde la Edad Media, personas anónimas han inventado estas composiciones épico-líricas que recogen escenas memorables. A veces, posibles fragmentos desgajados de cantares de gesta; otras veces, creaciones independientes.

Los romances abarcan una amplia variedad temática, pero todos están caracterizados por una música peculiar: la que otorga la métrica de series indefinidas de versos octosílabos con los impares sueltos y los pares rimando en asonante.

Una de esas joyas es el Romance del enamorado y la Muerte, aquí en versión de Joaquín Díaz.

Los romances anónimos, al ser creaciones del pueblo transmitidas de modo oral, viven en sus variantes: es posible encontrar versiones de un mismo romance con numerosos cambios en el texto. Puedes comprobar aquí la diferencia entre esta versión y la cantada por Joaquín Díaz.

Un sueño soñaba anoche
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
—¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.

En nuestros días, los versos improvisados por personas como las de este vídeo (los raperos de Clan secuente) son una muestra más de cultura popular.

¿Qué rasgos caracterizan a la cultura popular y cuáles a la cultura “culta” o académica? Piénsalo y saca tus propias conclusiones.

Antes, revisa estos ejemplos:

a) los raperos de Clan secuente;

b) este vídeo de la ópera Turandot de Puccini.

¿Sería propio de una persona inteligente despreciar la cultura popular o despreciar la cultura “culta”? Arguméntalo.

Y para cerrar esta entrada, otra de las joyas de nuestro folclore (conjunto de costumbres, tradiciones y manifestaciones artísticas de un pueblo). Este romance se abre con la franca expresión del deseo de una mujer por un hombre. La mujer, además, es la hija de un rey y el hombre, llamado Gerineldo, es un paje muy querido por el monarca, quien lo ha criado desde la infancia.

Romance de Gerineldo

—Gerineldo, Gerineldo,
paje del rey más querido,
quién te tuviera esta noche
en mi jardín florecido.
Válgame Dios, Gerineldo,
cuerpo que tienes tan lindo.
—Como soy vuestro criado,
señora, burláis conmigo.
—No me burlo, Gerineldo,
que de veras te lo digo.
—¿Y cuándo, señora mía,
cumpliréis lo prometido?
—Entre las doce y la una
que el rey estará dormido.
Media noche ya es pasada.
Gerineldo no ha venido.
«¡Oh, malhaya, Gerineldo,
quien amor puso contigo!»
—Abráisme, la mi señora,
abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién a mi estancia se atreve,
quién llama así a mi postigo?
—No os turbéis, señora mía,
que soy vuestro dulce amigo.
Tomáralo por la mano
y en el lecho lo ha metido;
entre juegos y deleites
la noche se les ha ido,
y allá hacia el amanecer
los dos se duermen vencidos.
Despertado había el rey
de un sueño despavorido.
«O me roban a la infanta
o traicionan el castillo.»
Aprisa llama a su paje
pidiéndole los vestidos:
«¡Gerineldo, Gerineldo,
el mi paje más querido!»
Tres veces le había llamado,
ninguna le ha respondido.
Puso la espada en la cinta,
adonde la infanta ha ido;
vio a su hija, vio a su paje
como mujer y marido.
«¿Mataré yo a Gerineldo,
a quien crié desde niño?
Pues si matare a la infanta,
mi reino queda perdido.
Pondré mi espada por medio,
que me sirva de testigo.»
Y salióse hacia el jardín
sin ser de nadie sentido.
Rebullíase la infanta
tres horas ya el sol salido;
con el frior de la espada
la dama se ha estremecido.
—Levántate, Gerineldo,
levántate, dueño mío,
la espada del rey mi padre
entre los dos ha dormido.
—¿Y adónde iré, mi señora,
que del rey no sea visto?
—Vete por ese jardín
cogiendo rosas y lirios;
pesares que te vinieren
yo los partiré contigo.
—¿Dónde vienes, Gerineldo,
tan mustio y descolorido?
—Vengo del jardín, buen rey,
por ver cómo ha florecido;
la fragancia de una rosa
la color me ha devaído.
—De esa rosa que has cortado
mi espada será testigo.
—Matadme, señor, matadme,
bien lo tengo merecido.
Ellos en estas razones,
la infanta a su padre vino:
—Rey y señor, no le mates,
mas dámelo por marido.
O si lo quieres matar
la muerte será conmigo.

Puedes ver otras versiones en esta base de datos de la universidad de Washington (la primera versión, recogida a un pastor segoviano en el siglo XX). Y aquí varias versiones del famoso romance del conde Arnaldos.

Para saber más:

Pérez Rosado, Miguel. Historia de la literatura hispánica. http://www.spanisharts.com/books/literature/romancero.htm

Wikillerato. El Romancero. http://www.wikillerato.org/El_Romancero.html

GUION EXAMEN MARZO. GÉNERO EN LOS SUSTANTIVOS.

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