Teatro con robots

El Festival Fringe 2013 que atraviesa el caluroso julio madrileño encierra muchas sorpresas: propuestas creativas que se salen de los caminos más trillados. Una de ellas tuvo lugar los días 10 y 11 de julio: el montaje teatral Tres hermanas versión androide, auspiciado por la Fundación Japón.

Entre los interesados, el miércoles 10 pudimos ver a numerosos estudiantes de japonés (les delataban sus conversaciones), a ciudadanos de rasgos orientales… y a gente de la profesión como Ana Villa, la Sole de la serie televisiva Amar en tiempos revueltos (que no dejaba de preguntar por las publicaciones que se vendían a la entrada y que se reía generosamente en alguna parte de la obra).

Porque quizá lo que el público más agradeció fueron los toques de humor de esta versión libérrima de Tres hermanas de Chéjov. Los momentos en que el robot mayordomo, por ejemplo, comenta que se ha retrasado porque ha ido a hacer la compra (caballa fresca para la cena) y que se ha encontrado con otro robot y se han puesto a charlar de sus cosas. O el instante de la simple rotación de sus robóticos ojos, que aseguraba la inmediata simpatía del público.

Teatro coloquial contemporáneo

El resto, un espectáculo de sensibilidad muy lejana al prototipo hispano: ausencia de acción, silencios, personajes que no se tocan, ni un gramo de música (ni baile, claro)… Ni un solo uso expresivo de la luz, uniforme e intensa a lo largo de toda la obra.  Hacemos el esfuerzo de acercarnos a la sensibilidad japonesa en un montaje que uno sabe que integra el trabajo de dos reconocidos talentos: el director teatral y dramaturgo Oriza Hirata, fundador de la compañía Seinendan, autor de la versión; y el Dr. Hiroshi Ishiguro, catedrático de la Universidad de Osaka y responsable del laboratorio que fabrica androides como los del proyecto Geminoide, calcos de personas reales.

Además de ese acercamiento a la cultura nipona (en la que nadie se toca al saludarse y los invitados con las mejores galas calzan zapatillas en el hogar ajeno), para la comprensión del montaje es conveniente conocer el estilo teatral que Hirata lleva construyendo desde los años 80.

Frente a la importación de modelos occidentales, su denominado teatro coloquial contemporáneo se sustenta en que “la mayor parte de la vida está llena de momentos tranquilos y sin incidentes. Hirata usa con frecuencia esos momentos tranquilos en sus obras teatrales. Nuestra existencia en sí misma ya es dramática y asombrosa” (traducción de Style of Seinendan).

Así, tal como se sostiene en los principios actorales de la compañía Seinendan, hay varias conversaciones que avanzan simultáneamente; los actores a veces hablan tan bajo que apenas se les oye con nitidez; y algunos intervienen en parlamentos extensos de espaldas al público. Como en la vida real.

Aunque algún precipitado crítico podría juzgar como defectos estos rasgos (si solo aplica un punto de vista de la tradición occidental), el efecto es el lento transcurrir de la vida cotidiana, tal como sucede en las obras de Chéjov, donde con frecuencia es más importante lo que no se dice y lo que no se ve que la futilidad de lo representado.

Robots en escena

El robot mayordomo (Muraoka) añade de inmediato un toque de humor. Al lado de los otros actores, su imagen recuerda más a la de un juguete que a la de un ser humano.

Escena de Tres hermanas versión androide

Imagen de la web del Festival Fringe 13

Pero el androide que se supone ha reemplazado a la más pequeña de las hermanas, Ikumi, aparte de despertar la curiosidad del público, suma una función interesante: en ella no tienen cabida el olvido y la hipocresía. Esos dos pilares de las acciones de los humanos no existen en la androide. Su parte maquinal hace que la androide aporte lo contrario: en vez de olvido, memoria minuciosa; en vez de hipocresía, verdad incómoda. Dos mecanismos de eficaz valor dramático. Es la androide quien revela una historia que subyace a las tensiones que laten en la familia.

En las presentaciones de la obra se nos dice que “es la primera obra de la historia en la que un androide verdaderamente interactúa con los actores como uno más entre ellos”. ¿Importa mucho? En 2010 ya se estrenó con éxito en Varsovia una obra con robots, pero no existía esa interacción ni se acercaban a la apariencia humana de los geminoides. En los años dorados de la movida madrileña, el espectáculo Machos presentaba a un robot que interactuaba con la actriz erótica Susana Estrada. (Quien quiera detalles, si es mayor de edad, los tiene en El placer de tan malos tiempos, de Andrés Rodriguez Robles).

El montaje de Hirata es un ejemplo muy interesante de acercamiento e integración de ciencias, artes y letras. Dice el Dr. Ishiguro que sus trabajos con androides tienen por objeto entender más profundamente a los seres humanos. Es desde esa clave desde donde quizá se puede mejor valorar el alcance de esta libre y delicada versión de Tres Hermanas.

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