El inspector, de Gógol

 EL INSPECTOR, Nikolái Gógol. Ed. PictusUn autor universal

En todo el mundo se sigue representando el teatro de Gógol. En 2011, El inspector se montó en el estadounidense Colorado Shakespeare Festival en colaboración con el Teatro Gorky de Vladivostok. En 2012, la compañía parisina de La Comédie Française acudió a los Teatros del Canal de Madrid con su montaje de la obra Le Mariage (El casamiento). En España, El inspector fue objeto de un montaje en el Centro Dramático Nacional (2012) y, poco antes, en el Teatro Nacional de Cataluña (2009).

Además de las múltiples versiones de esta obra sobre los escenarios de todo el mundo, en 1949 Danny Kaye protagonizó una comedia musical cinematográfica titulada The Inspector General. Para la televisión, Valentin Pluchek (que trabajó con uno de los más grandes directores de todos los tiempos, Meyerhold) dirigió una versión en ruso en 1982, de tres horas de duración. En ella se puede apreciar la famosa escena muda final, en la que los actores se quedan paralizados (lo que también se conserva en versiones como la cinematográfica de Vladimir Petrov de 1952).

El teatro de Gógol

La obra dramática de Gógol fue escasa, pero supuso el principio de un nuevo teatro ruso. Aparte de los textos que escribió para explicar El inspector, sus creaciones para la escena se reducen a media docena de intentos (Mulrine, 1999):

  • la sátira La Orden de S. Vladimir, Tercer Grado (de la que solo quedan cuatro escenas), en la que un burócrata se obsesiona tanto con tener esa condecoración que al final pierde la cabeza y cree que se ha metamorfoseado en la medalla;
  • Un fragmento, que refleja los intentos de una madre por buscar un matrimonio a su apático hijo;
  • Los pretendientes, empezada en 1833, que terminó transformándose en
  • El casamiento (estrenada en 1842), donde se muestra el proceso por el que al apático Podkoliosin le buscan esposa mediante una casamentera;
  • El inspector (1836), la obra que le catapultó al éxito teatral, y
  • Los jugadores (1843), enredo de engañadores engañados con el tema del juego como eje.

 Gógol y Pushkin

Nikolái Vasílievich Gógol (1809-1852) nació en Soróchintsy, en la provincia de Mírgorod (entonces Imperio Ruso, hoy Ucrania). Su padre era un modesto terrateniente, dramaturgo aficionado. Ya en sus años escolares en el Liceo Nezhin, Gógol dio muestras de interés y cualidades como actor cómico. En 1828 Nikolai consiguió entrar en la administración pública, en el nivel más bajo (el 14) de la tabla de rangos que Pedro I estableció en 1722.  Ese mundo de la burocracia dejaría clara huella en sus obras.

Con 19 años se trasladó a la capital del Imperio, San Petersburgo. Su primer intento literario, Hans Kuchelgarten (1829), poema que publicó con seudónimo, le causó una dura respuesta de la crítica, lo que le llevó a quemar todos los ejemplares que pudo recuperar. En 1830, sus intentos de ser actor profesional fueron infructuosos. Cuando Gógol se debatía en el fracaso, Pushkin se encontraba en la cumbre de la fama literaria.

En 1831 Gógol pasó a ejercer de profesor en un instituto femenino. Ese mismo año conoció a Pushkin. La publicación de las Veladas de Dikanka (1831-1832), elogiadas por Pushkin, supuso su primer éxito literario. En 1834 la influencia de sus amigos le llevó a ocupar una plaza de profesor de Historia en la Universidad de San Petersburgo (a alguna de cuyas clases asistió Turguéniev).

Gogol_and_Zhukovsky_at_Pushkin's_in_Tsarskoe_selo_by_P._Geller_(1910)En 1835 publicó dos colecciones de relatos que consolidaron su prestigio: Arabescos y Mírgorod. Ese mismo año abandonó las clases y empezó la escritura de sus dos grandes obras: la pieza teatral El inspector y la novela (que él tituló “poema”) Almas muertas.  Pero seguía siendo considerado un “escritor ucraniano”, alguien a quien todavía le estaba vedado el pódium de la literatura rusa.

En carta del 7 de octubre de 1835 Gógol requirió a Pushkin una “anécdota rusa” para escribir una obra de teatro, porque decía arder en deseos de escribir una comedia. No hay constancia de la respuesta de Pushkin a esa carta.

Según Valery Bryusov, el examen de la correspondencia entre Gógol y Pushkin permite asegurar que entre Pushkin y Gógol no hubo una relación de amistad, que Pushkin fue “un sueño” para Gógol. Pushkin tan solo escribió tres breves, corteses pero reservadas cartas a Gógol:

“Indeed, Pushkin was for him a dream, a reverie, a vision. The letters of Gogol to Pushkin have been preserved, and we know that no real friendship or intimacy existed between the two men” (Bryusov, 130).

El propio Pushkin cuando reunía material para su historia de la rebelión de Pugachov en Orenburgo (1833) fue confundido con una alta personalidad. Esta anécdota (y otras similares de la época) pueden estar en el fermento de El inspector.

Quizá el deseo de Gógol de ampararse bajo el más admirado de los escritores rusos le llevó a hacer hincapié en la participación de Pushkin en el origen de El inspector, la obra que haría que los más influyentes críticos como Belinsky le consideraran ya un escritor ruso.

Fuentes de El inspector

No solo enfatizó (y quizás exageró) Gógol el supuesto papel de Pushkin en el nacimiento de El inspector, sino que, al parecer, silenció una muy probable fuente.

Su compatriota y amigo Grigory Kvitka (que utilizó el seudónimo Osnovyánenko) había escrito una obra llamada El visitante de la capital. Aunque esta obra no se publicó hasta después del estreno de El inspector, fue escrita en 1827 y circuló en copias manuscritas que parece que Gógol debió de conocer (Peace, 151).

En la obra de Kvitka, un funcionario de San Petersburgo es confundido por los responsables de una ciudad de provincias como inspector del gobierno. Consigue dinero del alcalde y urde bodas que le convienen. Su llegada es preparada por la recepción de una carta y el escándalo del engaño se destapa con otra carta. Aparecen personajes como  el alcalde, el juez, el inspector de educación, el jefe de correos y un policía. Todo ello, enormemente similar a la comedia de Gógol.

Pero los críticos enfatizan que la similitud de argumento no puede esconder claras diferencias. La comedia de Kvitka es más convencional: tiene tres personajes positivos; la de Gógol, ninguno. El recurso del malentendido es usado dos veces por Kvitka: en la trama principal y en la subtrama amorosa. Pero Gógol, más que seguir la convención de la acción secundaria amorosa, hace una parodia de la comedia convencional de los malentendidos con su obligatoria trama amorosa (Peace, 152). La obra de Kvitka permanece hoy olvidada, al contrario que la muy representada de Gógol. La de Kvitka tiene un ritmo más lento, la convencional acción secundaria amorosa y un didactismo del que huye Gógol (Mulrine, 1999).

Aparte de la obra de Kvitka, antes de El inspector está toda una tradición de la comedia de equívocos (recorrida por Plauto, Shakespeare, Molière…). Pero en Gógol la tradición sufre un quiebro genial. La revelación del malentendido no lleva a una solución feliz o a la reconciliación propia de la tradición cómica: nadie se casa, nadie consigue el esperado final feliz.

Estreno y puesta en escena

Según el calendario juliano, vigente hasta la Revolución Rusa, el 19 de abril de 1836 se estrenó El inspector en el Teatro Alexandrinsky de San Petersburgo. La situación de este teatro, en el centro de la avenida Nevski desde 1832, no es irrelevante. Qué mejor espacio para poner delante de los espectadores la falsedad de los miembros de un colectivo donde todo el mundo intenta fingir ante la llegada de un supuesto inspector. En su relato “La Perspectiva Nevski” leemos:

“¡No crea usted en la perspectiva Nevski! Yo, cuando paso por ella, me envuelvo más fuertemente en mi capa y me esfuerzo en no mirar nada de lo que me sale al encuentro. ¡Todo es engaño! ¡Todo es ensueño! ¡Todo es otra cosa de lo que parece!”.

Alexandrinsky_Theatre_1917

El estreno de El inspector resultó inolvidable. Se dice que hasta el zar Nicolás I lo disfrutó y a la vez reconoció que la obra daba un repaso a todos y a él el primero. Pero Gógol, hombre apasionado por el teatro desde su infancia, se sintió muy decepcionado con el montaje.

“Estoy triste y asustado. […] Mi propia obra me resulta ajena, como si no la hubiese escrito yo”. [El actor que representó al protagonista] “actuó como uno más de los cientos de bufones importados de París que pululan por aquí. Lo redujo a un banal mentiroso, una triste criatura que lleva apareciendo en escena doscientos años, siempre con el mismo disfraz… Jlestakov no es un impostor, no miente deliberadamente, olvida que está mintiendo y está dispuesto a creerse prácticamente cualquier cosa que suelta por la boca.”(Kott, 15)

A Gógol le llovieron críticas de los sectores que se sentían satirizados y elogios de los más liberales. Tanto unas como otros desazonaban al autor. El 6 de junio Gógol abandonó Rusia y recorrió gran parte de Europa.

En su búsqueda de la perfección, Gógol siguió retocando la obra. Dos añadidos esenciales, que han quedado en la versión definitiva, son la escena muda final (los actores se quedan quietos durante “cerca de minuto y medio” como si de un tableau vivant se tratara) y el apóstrofe del gobernador: “Pero ¿de qué os reís? ¡Os estáis riendo de vosotros mismos!” (Acto V, escena VIII).

En 1926, Vsévolod Meyerhold realizó un montaje histórico de la obra, muy criticado y muy elogiado (entre otros, por el simbolista Andréi Biely). Meyerhold superaba realismo y naturalismo con un planteamiento de espectáculo total que integraba varios textos, se acercaba a un aire de pesadilla y empleaba maniquíes en la escena muda final.

Escena del montaje de El inspector por Meyerhold (1926)Escena del montaje de Meyerhold de El inspector (Global Performing Arts Database http://www.glopad.org/pi/en/record/piece/497 )

Vigencia

Todo El inspector respira la inversión carnavalesca de valores propia de la cultura popular: los poderosos se arrastran a servir a alguien sin poder. Los rollizos caballeros se someten al flaco Jlestakov, a punto de ser desahuciado de la fonda en la que se hospeda. Se ponen a sus pies y él fantasea con ser un gran escritor, que era la manera de ser una celebrity en la Rusia de entonces.

El espectador, al poseer más información que los personajes, percibe lo desajustado de lo que hacen, con lo que la risa está asegurada. A lo que Gógol añade un toque grotesco que da a toda la obra un aire de teatro de marionetas. Según Jan Kott, el abuelo de Gógol escribió muchas farsas populares que

“por su humor de trazo grueso, su galería de personajes tradicionales y su crudo realismo, parecen provenir directamente del vertep ucraniano. El vertep, como el petrushka ruso, era un teatro folclórico de marionetas. Su títere estrella era Petrushka, un tipo jorobado, de larga nariz retorcida, pariente próximo de Polichinela y algo más lejano de Mr. Punch. Mentía, estafaba a los ricos, a menudo le molían a golpes; pero, a la postre, siempre se salía con la suya” (Kott, 13).

Cuando el gobernador empieza a dar instrucciones sobre cómo actuar ante la llegada del supuesto inspector, está en realidad organizando otra farsa: teatro dentro del teatro.

“GOBERNADOR: Présteme atención, esto es lo que van a hacer: el agente Púgovitsyn… es un mocetón, así que mejor que se quede en el puente para evitar que nadie altere el orden. Que derriben a toda prisa la vieja cerca que hay junto al taller del zapatero y se coloquen unos jalones de paja, que parezca que son unas obras debidamente planificadas. Cuantas más demoliciones, mayor sensación de actividad municipal”. (Acto I, escena V, pág. 58).

El gobernador es un mal director que empieza repartiendo papeles para una obra que ha de acabar en chapuza. Es una marioneta en manos del miedo: el temor a que una inspección externa desmonte su farsa. Como un grotesco don Quijote cuyo casco está hecho de cartones (“de cartones hizo un modo de media celada, que encajada con el morrión, hacía una apariencia de celada entera”, Primera parte, 1605, capítulo I), el gobernador se dispone a salir (empieza “la función”) y se pone una caja por sombrero.

“GOBERNADOR: […] ¡Ayayay cuántos pecados, cuantísimos pecados! (Coge una caja en lugar del sombrero.) Solo te pido, Dios mío, que me libres de todo esto cuanto antes, y te prometo que te pondré un cirio como nunca se ha visto. […]

COMISARIO: Antón Antónovich, eso no es el sombrero, es una caja.

GOBERNADOR (arrojando la caja): Sí, claro, una caja… ¡Al diablo con ella! Pero si pregunta por qué no hemos construido la iglesia contigua al hospital, a pesar de que desde hace un año contamos ya con la partida correspondiente, hay que acordarse de decir que empezaron a construirla, pero que sufrió un incendio. Yo mismo he presentado un informe al respecto. Solo faltaría que a algún idiota se le ocurriera decir que ni siquiera han empezado las obras” (Acto I, escena V, pág. 59).

En un país tan extenso como Rusia, los bajos salarios de los funcionarios alejados de la capital y la ausencia de supervisión explican que la corrupción prosperase. Si Gógol hubiese retratado solo una situación peculiar de una coyuntura histórica, su obra no seguiría despertando interés. Y hoy en día es una de las más placenteras lecturas teatrales que puede realizar un lector del siglo XXI.

Todos los personajes de El inspector son embaucadores. Todos son grotescos. El verdadero personaje positivo, como destacó el propio autor, es la risa. Esa risa que seguramente hizo que el propio zar permitiese personalmente que la obra pasase la censura.

“el “honesto” excedente de risa pone de relieve a mi propia libertad, mi segunda naturaleza no predestinada, mi posibilidad de ser otro” (Makhlin, 95).

Entre la superficialidad de los vodeviles que demandaba el público y el didactismo de Molière, muy presente en la escena rusa hasta entonces, Gógol encontró un camino no transitado. Con un mecanismo básico de la comedia de todas las épocas, el equívoco, Gógol hizo una pieza maestra, que desnuda las miserias permanentes de los seres humanos a través de la risa. Para Nabokov y muchos otros, la más grande obra teatral escrita en ruso.

Juan Antonio Cardete
3 de mayo de 2013

Fuentes utilizadas

GÓGOL, Nikolái V. El inspector. El casamiento. Los jugadores. Trad. Fernando Otero Macías y J. Ignacio López Fernández.  Barcelona: Alba, 2010.

Estudios

BRYUSOV, Valery. “Burn to ashes”, en MAGUIRE, Robert A., ed. Gogol from the Twentieth Century – Eleven Essays. Princeton: University Press, 1976.

Global Performing Arts Database. 1926, Meyerhold Theatre, Meyerhold Theatre, Government Inspector http://www.glopad.org/pi/en/record/production/567

KOTT, Jan. “El autor de la comedia o El inspector”, en N. V. Gógol. El inspector. El casamiento. Los jugadores. Barcelona: Alba, 2010, pp. 9-34.

LOTMAN, Iurii M. “Concerning Khlestakov”, en Nakhimovsky, Alexander D. and Nakhimovsky, Alice Stone (eds.) The Semiotics of Russian Cultural History: Essays by Iurii M. Lotman, Lidia Ia. Ginsburg, Boris A. Uspenskii. Ithaca, New York, London: Cornell University Press, 1985, pp. 150-187.

MAKHLIN, Vitali. “Una risa invisible al mundo”, en La anatomía carnavalesca de la nueva Edad media. En Torno a la Cultura Popular de la Risa: Nuevos Fragmentos de M.M. Batjín. Barcelona: Anthropos, 2000, pp. 35-102.

MULRINE, Stephen. “Introduction” a Gogol Three Plays: The Government Inspector; Marriage; The Gamblers. Londres: Methuen Drama, 1999.

PEACE, Richard. The Enigma of Gogol. Cambridge: University Press, 1981,

WILSON, Josh. “What is Comedy Without Truth and Fury?” The Government Inspector in Text and Presentation 1836 – 1938”, en Vestnik, the Journal of Russian and Asian Studies, 18/11/2004. http://www.sras.org/gogol_the_government_inspector_in_text_and_presentation_1836_1938

Guías didácticas

Guthrie Theater. The Government Inspector, 2008.
http://www.guthrietheater.org/sites/default/files/studyguide_TheGovernmentInspector.pdf

Teatre Nacional de Catalunya. L’inspector, 2009.
http://www.tnc.cat/ca/l-inspector-guia-didactica

GIGUERE, Amanda. The inspector general. Colorado Shakespeare Festival. 2011 Study Guides
http://www.coloradoshakes.org/files/Inspector%20General%20Study%20Guide.pdf

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